¿Es posible viajar en avión de forma sostenible?

Viajar en avión de forma sostenibleFoto de Anton Shuvalov

Ahora que las restricciones parecen ser más laxas y los movimientos más permisivos, vamos a hablar del propósito de este mes: viajar en avión.

En 2019, el término “eco-ansiedad” empezó a cobrar importancia entre los viajeros y viajeras de todo el mundo. Como dirían en sueco, Flygskam, o la «vergüenza de volar«. Greta Thunberg se coló en nuestra conciencia y ayudó a generar movimiento… aunque la industria de la aviación no movió ficha alguna.

Todo lo que hacemos en nuestro día a día, desde los alimentos que consumimos, productos que compramos hasta la forma en que viajamos, producen gases de efecto invernadero, provocando un impacto sobre el planeta.

Si ponemos números al asunto, alrededor del 2,5% de las emisiones globales de CO2 provienen de la aviación. Junto con otros gases y estelas de vapor de agua producidas por los aviones, esta industria es responsable de alrededor del 5% del calentamiento global.

Según The Guardian, ¿sabías que los norteamericanos volaron 50 veces más kilómetros que los africanos en 2018, 10 veces más que los de la región de Asia y el Pacífico y 7,5 veces más que los latinoamericanos? ¿Y que los europeos y los ciudadanos de Oriente Medio volaron 25 veces más que los africanos y 5 veces más que los asiáticos? Y aunque te suene sorprendente, tan solo el 1% de la población causa la mitad de las emisiones de la aviación mundial (en estos mapas podrás visualizar con más detalle las emisiones de CO2 de vuelos nacionales e internacionales por cápita según cada país).

Volar consume mucha, pero muchísima energía y, a día de hoy, el sector depende totalmente de los combustibles fósiles. Los subsidios de los impuestos sobre este tipo de combustible otorgan a la industria aérea una ventaja muy injusta sobre otros medios de transporte y la falta de claridad de estas cifras hacen que consumidores y consumidoras no vean el coste ambiental real que provocan sus desplazamientos por aire. Y en un futuro, en 2050, una cuarta parte de todas las emisiones podrían provenir solo de este sector.

La compensación de carbono de la que tanto se habla, es una forma de mitigar o neutralizar las emisiones producidas por una actividad, en este caso el volar, mediante la compra de participaciones para financiar proyectos que eliminan o reducen las emisiones de la atmósfera. Algunos ejemplos serían la inversión en energías renovables, eficiencia energética, generación de empleo y mejora de salud de la población donde se lleven a cabo estos proyectos o programas de reforestación.

¿Sabes que un vuelo de Barcelona a Londres supone 303kg de CO2, de Barcelona a San Francisco 2.546kg, o de Barcelona a Bali 3.332kg?

Algo importante a tener en cuenta es que estas compensaciones no evitan que las emisiones se dejen de producir, o que nuestra “licencia para seguir contaminando” sea intocable. El carbono que se queda en la atmósfera permanecerá allí durante décadas, cientos, a veces miles de años; no podemos cancelarlo sin más con la compensación. Por eso, es importante recordar que se debe hacer todo lo posible para reducir antes de compensar. Y para ello, necesitas conocer primero las toneladas de CO2 que se producen cada vez que vuelas en función del lugar y las escalas, y cómo decidirás actuar en función de esta información.

Si ponemos el punto de mira en las aerolíneas, desafortunadamente todavía no se dispone de la tecnología adecuada para descarbonizar los viajes aéreos, desafío clave de este sector. Parece ser que tanto fabricantes de aviones y como aeropuertos están tomando medidas importantes para garantizar y ofrecer opciones más ecológicas a los viajeros y viajeras preocupados por el medio ambiente. Por otro lado, la industria también está impulsando la investigación y el desarrollo de aeronaves eléctricas propulsadas tanto por combustibles como por baterías eléctricas. Y en esta diversificación de alternativas, también se está indagando en el uso combustibles sostenibles producidos a partir de plantas, algas, aceite de cocina e incluso desechos municipales. Es posible que haya soluciones innovadoras en el horizonte, pero todavía nos quedan algo lejos.

Entonces, ¿cómo podríamos desplazarnos de manera más sostenible?

Aquí te dejamos con algunos humildes consejos en el caso de que finalmente decidas viajar por aire, ya sea por causa personal, de fuerza mayor o por falta de alternativas:

Elige vuelos directos y viaja ligero

Sí, los más directos posibles. Cuando escoges hacer un vuelo con escala, la distancia es mayor y por ende, un consecuente aumento de emisión de carbono. Además, viajar con poco equipaje reduce la resistencia del avión y un consumo de menor combustible.

Escoge una aerolínea más sostenible

Existen aerolíneas que ya empiezan a utilizar biocombustibles en su totalidad (o combinados en parte con combustibles fósiles) para determinadas rutas, como por ejemplo KLM en su vuelo de Ámsterdam-Los Ángeles. Echa un vistazo a cuáles son las menos contaminantes y apuesta por aquellas que tengan una flota eficiente y vuelen con pocos asientos vacíos. Asimismo, infórmate de los programas de compensación de CO2 que ofrecen al comprar un billete con ellos.

Tu asiento dentro del avión importa

Es evidente que un asiento en clase ejecutiva ocupa mucho más espacio que una silla de clase económica y, por lo tanto, es relativamente más contaminante.

Reduce tus desechos durante el viaje

La cantidad de desechos generados en los aviones (alimentos no consumidos, utensilios de un solo uso como vasos de plástico, cubiertos, plástico de mantas cubiertas de plástico…) juegan un papel importante en el impacto del sector. Trae a bordo tus propios envases como botellas, tazas plegables, cubiertos, bolsas reutilizables o fiambreras.

Dicho esto, si tienes la oportunidad de evitar moverte en avión…

Viaja en tren o en autobús

Ahorrarás hasta un 90% en emisiones de CO2 y entrarás en modo slow travel desde el mismo momento en que pongas un pie en esos transportes. Convenientes, cómodos y sin desplazamientos al aeropuerto ni tiempos de espera.

Carpool

¿Por qué no compartir el viaje en coche con otras personas que se dirigen al mismo destino? Todos ahorraréis y saldréis ganando, medio ambiente incluido.

Está claro que la tecnología ha de evolucionar tanto como la legislación de los países. Se ha de incentivar a la industria de la aviación a ser sostenible y hemos de exigirles una acción climática vital ya que tienen gran parte de la responsabilidad. Nuestro voto en la elección de gobiernos con políticos que se tomen en serio la reducción de emisiones y que tengan planes climáticos significativos respaldados por la ciencia ha de ser nuestra prioridad número uno.


 

Y tú, querida persona lectora, ¿has repensado tu manera de viajar en avión? ¿Va a haber un antes y un después en tus prácticas viajeras? ¿Serán más conscientes y responsables?

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