Comer menos carne #MenosCarneMasVida

Foto de Vitor Avila

Hoy nos toca hablar del reto que nos propusimos para este mes de septiembre: comer menos carne.

¿Sabías que de todos los mamíferos de la Tierra, el 96% son ganado (60%) y humanos (36%), y solo el 4% son mamíferos salvajes? Lo más curioso es que aunque el ganado ocupe la gran mayoría de las tierras agrícolas, tanto la carne como los lácteos tan solo representan el 18% de todas las calorías de los alimentos (alrededor de un tercio de las proteínas y una quinta parte de las calorías que comemos y bebemos) pero son los responsables de más de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con estos alimentos.

La deforestación a causa del ganado, conjuntamente con las emisiones de metano de las vacas y el uso de fertilizantes, genera tantas emisiones de gases de efecto invernadero como todos los automóviles, camiones y aviones del mundo. Las prácticas intensas de cría de carne corren el riesgo de provocar extinciones masivas de otros animales, además de generar una contaminación significativa del agua de los arroyos, ríos y, en última instancia, del océano.

No es nuevo que los científicos vienen advirtiéndonos que se requieren notables reducciones en el consumo de carne si el mundo quiere evitar el cambio climático, y es precisamente este consumo en los países occidentales el que debería reducirse en un 90%, siendo reemplazado por cinco veces más legumbres. En cuanto al consumo de carne de cerdo, leche y huevos también tendrá que disminuir drásticamente, todo ello a medida que la población mundial crezca de 7,1 mil millones de personas a 10 mil millones de personas para 2050. Lo más preocupante es que alrededor de un tercio de ellos se unirá a la clase media, que generalmente consume más calorías (en su mayoría proveniente de productos a base de carne) a medida que aumentan los ingresos. Y eso se traduce a la larga en más explotación de la tierra y sus recursos.

Gráfica de World Resources Institute

Por poner un ejemplo: si los 2.000 millones de grandes consumidores del mundo redujeran su consumo de carne y lácteos en un 40%, se salvaría un área de 2 veces el tamaño de India y se evitarían 168 billones de toneladas de gases de efecto invernadero, que vendrían a ser 3 veces el total de emisiones globales en 2009. Tremendo, ¿verdad?

La carne bovina (o de vacuno) es muy ineficiente de producir porque solo el 1 por ciento del alimento que consume el ganado se convierte en calorías que las personas consumen. Esta baja eficiencia significa que este tipo de carne utiliza más tierra y agua dulce y genera más emisiones de gases de efecto invernadero por unidad de proteína que cualquier otro alimento consumido comúnmente.

Gráfica de World Resources Institute

A principios del pasado julio, Alberto Garzón, ministro de Consumo de España, publicó un breve vídeo en Twitter animando a los españoles a reducir su consumo de carne. En su lúcido discurso, enumeró las muchas formas en que la producción y el consumo de carne a gran escala dañan a los humanos, el medio ambiente y los animales, todo respaldado por la ciencia y se centró en reducir la ingesta de carne, no en eliminarla, elogiando los sistemas ganaderos no industriales y las barbacoas familiares. También reconoció que cambiar las dietas resulta difícil para quienes no tienen la oportunidad de acceder a opciones alimentarias baratas y diversas, y explicó que el gobierno lanzaría campañas de educación alimentaria e implementaría regulaciones para incentivar dietas más sostenibles. Incluso ideó el hashtag #MenosCarneMasVida.

Pero…

Varios compañeros políticos recurrieron a incitarlo y ridiculizarlo con comentarios provocadores. Por ejemplo, Pedro Sánchez y su amor por el chuletón; o Teodoro García Egea, del Partido Popular, tuiteó una imagen de una parrilla llena de trozos de carne con el texto “A tu salud.”

Convencer a la gente de comer menos carne es complicado. Si bien los consumidores pueden afirmar que les gustaría tomar decisiones más sostenibles, cuando se encuentran en los pasillos de los supermercados, tienden a adoptar sus hábitos cotidianos. Y está visto que la información (o un exceso de ella) no cambia necesariamente el comportamiento de estos consumidores; incluso podría tener el efecto contrario. Los psicólogos argumentan que cuando los consumidores se enfrentan a la paradoja de la carne (comer carne mientras se oponen a los daños causados por ella), a menudo crearán argumentos justificativos y racionalizados que niegan el daño o la responsabilidad personal en lugar de detener el consumo de carne.

Ante este panorama, ¿qué se puede hacer?

Los gobiernos, por su parte, deberían incentivar la producción de alternativas (como las de carne de origen vegetal y sobre todo, las humildes legumbres) podrían proporcionar una fuente de proteína mucho más sostenible y diversa que la carne, y animar a la población a consumirlos. Es importante tener en cuenta que la creación de oportunidades para el acceso a los alimentos también es fundamental, lo que incluye simplemente presionar por ingresos más altos, a través de políticas como las leyes de salario mínimo para permitir a los consumidores una mayor gama de opciones. Para eso se requiere un consenso político sólido entre los partidos por tal de no repetir la ridiculización del Ministro de Consumo. La ciencia habla con datos y el medio ambiente está sufriendo una degradación causada por nosotros que no podemos pasar por alto.

Pero no solo hemos de esperar a este cambio desde las altas esferas: la acción individual también puede ser política. Aunque minúsculos, los cambios en la dieta diaria se traducen en un impacto inmediato. Incluso si no todo el mundo puede hacerlo, aquellos que pueden tomar decisiones más sostenibles deberían hacerlo.

Foto de Shelley Pauls

Después de hablar de los hechos, desde BOLSETA, humildemente te sugerimos algunos consejos para comer un poquito menos de carne en tu día a día:

  • Haz que un día a la semana sea sin carne, como los Lunes sin Carne.
  • Planea tus comidas para que sean abundantes y satisfactorias, más allá de un plato de arroz con brócoli, asegurándote de incluir una fuente de proteínas, carbohidratos ricos en fibra y grasas saludables.
  • Piensa en sumar, no restar, concentrándote en añadir más alimentos vegetales en tu plato en lugar de pensar en lo que estás dejando de lado o tratando de reemplazar.
  • Prueba alternativas vegetales y muy versátiles como el tofu o el tempeh y empodérate de todos los tipos de legumbres que hay en el mercado. No hay que ser rico para consumir más vegetales.
  • Únete a grupos o amigos que también estén en el mismo camino o que compartan este interés por consumir menos carne.

Y por último, si quieres ponerle números al tipo de alimentos que ingieres, echa un vistazo a esta calculadora para conocer el impacto directo de tu dieta sobre el medio ambiente


Lo tenemos más que claro. No llegaremos a ninguna parte con un puñado de personas que lo estén haciendo a la perfección. Necesitamos masas de personas que lo hagan de manera imperfecta. Simplemente se trata de implicarnos y hacer todo aquello que podamos y esté en nuestra mano. Sabemos sobradamente que no se puede ser un ecologista perfecto en un mundo que no está diseñado para poder serlo, pero aún y así lo intentamos 🙂

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